Relación entre las Emociones y el Aprendizaje

Según los estudios realizados sobre la relación entre la cognición y la emoción, se podría decir que ambos procesos mentales se interrelacionan, no sólo desde un punto de vista puramente psicológico, sino también desde las estructuras neurológicas.

Se cree que ambas funciones se dan mutuamente, con la participación del hipocampo y la liberación de oxitocina, que deberá darse de forma equilibrada, porque tanto su disminución, cuando su exceso de producción, pueden generar problemas de aprendizaje.

Otro dato igualmente importante a tener en cuenta, es que cuanto más el individuo aprende, más crece y fortalece sus estructuras neuronales, lo que le facilitará el aprendizaje posteriormente.

El miedo y el aprendizaje

El miedo, la agresividad y el desaliento son emociones que perjudican el aprendizaje.

Desde el punto de vista de la psicología, las emociones pueden ser favorables o perjudiciales para el aprendizaje.  Se consideran favorables emociones como, por ejemplo, el afecto, la confianza y la autoestima adecuada. Las emociones negativas para el aprendizaje son: el miedo, la agresividad, el desaliento, entre otras.

Es importante que los profesionales de la educación puedan tener conocimiento acerca de las emociones, en términos de Psicología y Neurociencias; como una herramienta muy valiosa a la hora de detectar los diferentes tipos de emociones y decidir si promocionarlas o combatirlas, según el objetivo deseado.

Son las emociones experimentadas durante el proceso de la enseñanza, que determinarán en gran manera los resultados del aprendizaje. Además, la conformación del aparato cognitivo del niño también puede ayudar a determinar cómo se manifiesta y cómo experimenta sus emociones.

el niño más inteligente del mundo

Los niños considerados inteligentes suelen tener un historial de emociones positivas en relación al aprendizaje.

Estos conceptos están inseridos en el campo de la Inteligencia Emocional, asignatura que también se debe trabajar con los estudiantes y con los educadores, con el propósito de crear y ofrecer espacios emocionalmente adecuados para la optimización  de la enseñanza y el aprendizaje.

Los niños que mantienen sus primeras experiencias con maestros amables, tienden a valorar positivamente al aprendizaje en sí mismo, adquiriendo la habilidad de aprender como rasgo característico de su personalidad. En otras palabras, niños felices aprenden más y mejor.

Lic. Ana Ramos de Llanes – Neuropedagoga

Instituto de la Inteligencia – Paraguay

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